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El Palacio de la Mercerd, bien de interés cultural

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Atípica estampa del Palacio de la Merced, en obras y nevado

La Delegación Provincial de Cultura de la Junta de Andalucía comunicó el viernes día 9 de mayo a la Asociación de Vecinos Torre de la Malmuerta, colectivo que ha solicitado a la administración autónoma el llevar a cabo esta medida, su informe favorable para que todo el edificio, construido en el Siglo XVIII que desde 1960, tras la reforma del arquitecto Rafael de la Hoz sirve de sede a la Diputación Provincial de Córdoba , según dictamen en este sentido de la Comisión Provincial de Patrimonio de la propia Delegación de Cultura. La declaración incluye la explanada aledaña que es considerada entorno del edificio.

La satisfacción de los promotores de esta declaración no está exenta de una sensación de sorpresa producida por "que a estas alturas este edificio, uno de los más valiosos del patrimonio arquitectónico de la ciudad, no haya sido todavía declarado íntegramente Bien de Interés Cultural " .

La restauración que Rafael De la Hoz realizó incluyó la reforma del Patio Blanco , la creación del Patio del Reloj y la fachada donde "reforzó los colores originales del edificio barroco sin caer en la copia".

El proceso para declarar al antiguo Convento de la Merced como Bien de Interés Cultural se inició en 1999, sufriendo varios años de parálisis su tramitación. Se retomó en 2003, incorporando el catálogo de los bienes muebles que contiene el edificio.

Conserva la estructura arquitectónica de la primera mitad del siglo XVIII el Palacio de la Merced. Su planta es rectangular con una iglesia en su centro; a ambos lados se levantan dos alas simétricas. A la derecha hay un patio privado o de servicios y a la izquierda está el claustro principal del convento.

Común a todos ellos es la fachada principal, con las dos portadas de acceso al edificio, comunicándole con el patio principal y la de entrada a la iglesia. Su decoración la forman las placas recortadas y superpuestas , los perfiles que rodean las ventanas y la pintura, imitando mármoles y jaspes taraceados , habituales del barroco.

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